viernes, 22 de octubre de 2010

Diminuto se encontraba clavado en la tierra seca de aquella triste tarde de septiembre. Percibiste que te llamaba, pidiéndote que lo arrancaras y termines al fin con aquel destino que le esperaba. Tal vez se mojase con las fuertes tormentas que habían sido pronosticadas, o tal vez, un granizo travieso lo desarmara. Lo arrancaste de un manotazo de aquel trozo de tierra que lo albergaba. Lo miraste, te miró. Te tentaste, lo soplaste y se esfumó.

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